Los ciento noventa y cuatro miembros de la Organización Mundial de la Salud han decidido reconocer el “trastorno por videojuegos” como una enfermedad.

En el marco de la septuagésima segunda edición del World Health Assembly se ha aprobado la undécima revisión del International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems (ICD-11) presentada en junio del año pasado, en la que se incluía el trastorno derivado de la adicción a los videojuegos como una enfermedad.

El texto definía el “trastorno por videojuegos” como “un patrón de comportamiento persistente o recurrente” en el que “la persona no tiene control sobre cómo o cuánto juega a videojuegos”, y el comportamiento cobra preferencia “sobre los intereses de la vida y actividades diarias” de forma continuada aunque surjan “consecuencias negativas”.

“El patrón de comportamiento debe ser de suficiente gravedad como para causar un deterioro significativo en las áreas de funcionamiento personal, familiar, social, educativo, ocupacional u otras áreas importantes”, añadían.

La inclusión del “trastorno por videojuegos” como enfermedad reconocida por la OMS se hará efectiva a partir del día 1 de enero de 2022. Los miembros de la organización han matizado que “la inclusión del trastorno por videojuegos como parte del ICD-11 se debe al desarrollo de programas de tratamiento para gente con condiciones de salud idénticas a las características del trastorno por videojuegos en diversas partes del mundo, y tendrá como consecuencia una mayor atención por parte de los profesionales de la salud de los riesgos en el desarrollo de este desorden y, por ende, medidas de prevención y tratamiento relevantes”.

Esta decisión, desde luego, conllevará cierta controversia, y se espera que en breve veamos la reacción de diversas asociaciones y patronales de la industria del videojuego, que ya mostraron su preocupación y rechazo a esta medida. La ESA, la ISFE y la UKIE hicieron públicos informes que contradecían las conclusiones de OMS, argumentando que era necesario investigar más y que el trastorno por videojuegos probablemente era síntoma de un problema de salud mental más grave.

Según la ESA, la decisión de la OMS de introducir el trastorno por videojuegos en el ICD-11 pone en peligro todo lo positivo que aportan los videojuegos en términos económicos, creativos, políticos y educativos, y se muestra preocupada ante los efectos que pueda tener en la industria.

La respuesta de la Organización Mundial de la Salud es, de momento, que el ICD-11 se ha redactado “de forma transparente y colaborativa”, y parece que su decisión es definitiva. La polémica, por lo tanto, está servida.

Author TechnoShark
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